Cuando llamas a tu empresa ‘Creaholic’…

7 Julio, 2017 / Artículos
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Elmar Mock, inventor del reloj Swatch que cambió al sector, tiene 178 patentes, desde maquinaria hasta alimentación, pasando por soldadura de huesos

 

«Yo era muy joven, tenía 26 años, era ingeniero de plásticos y mi sueño era hacer el mejor cronómetro posible, que se vendiera en todo el mundo y que, por supuesto, no fuera el más caro. Necesitaba convencer a mi jefe de que me hiciera ese regalo. ¿Cómo convences a tu jefe para que te dé medio millón sin una razón? Le propuse nueva tecnología, imaginando que seríamos capaces de hacer buenos relojes ‘low cost’. Le interesó y me dio libertad para demostrarlo: No me pagues ahora nada por la máquina, le dije… y así nació el Swatch».

 

Elmar Mock estaba salvando a la industria relojera suiza. Era a comienzos de los años 80, los relojes digitales japoneses con tecnología de cuarzo inundaban los mercados y habían puesto contra las cuerdas a los clásicos relojeros suizos. Mock inventó un procedimiento de soldadura por ultrasonido que le permitió crear ese primer Swatch, con manillas, motor de cuarzo y un reducido número de piezas, 51 frente a las 91 de los relojes estándar. Las ensamblaba automáticamente en una caja de plástico, a la que soldaba el cristal acrílico, rebajando radicalmente los costes de fabricación, hasta en un 80%. La idea convenció a ETA, la empresa para la que trabajaba.

 

«Aquel primer Swatch no era como los de hoy. Estaba pensado para ser barato y de gran calidad. Entonces mi jefe Ernst Thomke dijo: ‘no tiene sentido un reloj suizo barato, no es buena idea: tenemos que hacer un reloj de moda’. De moda, pero económico: por el precio de una corbata…», explica Mock a INNOVADORES en Venecia, durante la gala de inventores de la Oficina Europea de Patentes, recordando sus comienzos.

 

«El primer nombre del proyecto fue Vulgaris. Y luego, Popularis. Seis meses antes de llegar en el mercado descubrimos el nombre Swatch. Mi jefe hablaba con el de los almacenes Bloomingdale’s sobre vender un reloj de moda y aquel le decía que habría que sacar una colección nueva cada seis meses. No entendíamos nada. Entonces nos dio el nombre, que es una contracción de Swiss Watch. En lenguaje americano un ‘swatch’ es un retal de tela de moda… Así surgió el nombre y creamos la marca».

 

El reloj apareció en EEUU a finales de 1982, antes que en Suiza (marzo de 1983). «Soñábamos con vender cinco millones en cinco años, y se han vendido 600 millones en 35 años», explica Mock, que un año después del lanzamiento recibió un bonus por su trabajo.

 

En 1986 abandonó la empresa y creó la suya propia, con un nombre que lo dice todo: Creaholic. «La creatividad no es un arte, es una forma de ser. Es estar convencido de que puedes hacer algo diferente y hallar la manera de conseguirlo. El dinero no es la motivación, el reconocimiento tampoco es la motivación. Lo es pensar ¿qué puedo hacer por mis amigos, por los demás, por la organización? El ser humano es lo que está en el centro de la motivación».

 

Para Mock, el reloj Swatch fue «la introducción en la profesión de inventor». Desde entonces ha creado «178 familias de patentes». Ha trabajado en relojería, alimentación, automóvil, maquinaría, depuración de agua, soluciones médicas, soldadura de huesos, madera, cemento… Ha desarrollado soluciones innovadoras de todo tipo para más de 200 clientes y de su empresa han nacido nueve ‘spin offs’ especializadas.

 

No se limitó a su especialidad profesional, plásticos y soldaduras. «La invención es como componer música: no se hace para un solo instrumento, aunque tengas alguno favorito. Para mí toda la tecnología es plástico, soldadura, metalurgia, electrónica… son como los instrumentos: juntos hacen música y el objetivo es el placer del usuario, de la gente, expresar algo que antes no habían podido imaginar. Sus sonrisas en la cara son el objetivo». Desde luego, no es el tipo de cosas que los innovadores dicen usualmente… «Es que no soy una persona usual», concluye Mock con una sonrisa y obsequiando una chocolatina suiza.

 El científico e innovador, Fernando Fischmann, creador de Crystal Lagoons, recomienda este artículo.

 

FUENTE

 

 

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