El desafío de la Cuarta Revolución Industrial

19 Febrero, 2018 / Artículos
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Los beneficios de la cuarta ola industrial podrían ser un detonante para incentivar la inversión económica en México.

No vivimos en una era de cambios, sino en un cambio de era, donde las transformaciones ocurren de manera exponencial y los seres humanos debemos estar preparados para asimilarlas rápidamente. Tal es el caso de la Manufactura 4.0, la cual está repercutiendo en la economía mundial a un ritmo sin precedentes. Así como la Primera Revolución Industrial significó un cambio de paradigma de la producción artesanal hacia la producción mecanizada, la Cuarta Revolución representa la evolución de la fábrica física a la fábrica digital e inteligente.

Algunos de los países que han implementado este proceso, también conocido como Industria 4.0 o Intelligent Manufacturing System, son Alemania (que incluso la definió como “estrategia de alta tecnología”) y Estados Unidos, que cuenta con el proyecto Smart Manufacturing Leadership Coalition (SMLC), el cual diseña una fabricación industrial del futuro.

Japón, por ejemplo, a pesar de no contar prácticamente con recursos naturales, ha sustentado su desarrollo económico en la robotización y hoy en día es uno de los líderes industriales en innovación.

En términos generales, de acuerdo con el “Informe global de competitividad 2016-2017”, del Foro Económico Mundial, la Manufactura 4.0 agregará 14,200 millones de dólares (mdd) a la economía global en los próximos 15 años. En este contexto, México no sólo debe adaptarse a esta ola de transformaciones tecnológicas, sino también aprovechar su experiencia en la industria para desarrollar sus propias tecnologías en beneficio de sus sectores estratégicos.

La manufactura mexicana podría beneficiarse de la Cuarta Revolución Industrial: sectores como el automotriz, el aeroespacial o el químico han integrado gradualmente el Big Data (análisis masivos de datos), el Internet de las Cosas (IoT) o el cloud computing (almacenamiento en red), lo cual ha influido en la velocidad, el alcance y el impacto en las cadenas de producción, mismo que ha significado un aumento en su competitividad.

No obstante, es cierto que existen otros sectores, como el agroalimentario o el textil, que se encuentran ya no sólo rezagados en la incorporación de tecnologías, sino incluso en la infraestructura mínima para su producción.

Los beneficios de la cuarta ola industrial podrían ser un detonante favorable para incentivar la inversión económica, la innovación tecnológica y la reindustrialización de sectores estratégicos en México. Aquí, las Pymes podrían desempeñar un rol decisivo para la transición.

Por otra parte, en nuestro país, la Industria 4.0, además de involucrar una digitalización en los procesos y las maquinarias, también acelerará el cambio en los perfiles laborales. Es decir, la mano de obra que realiza tareas rutinarias será sustituida por robots o procesos automatizados. No obstante, esto no necesariamente implicará el aumento del desempleo, sino el traslado de la mano de obra a procesos en los que se requiera la supervisión del hombre. Lo anterior subraya la necesidad de generar recursos humanos altamente calificados en carreras relacionadas con tecnologías de la información, ingenierías o robótica, ya que, de lo contrario, difícilmente el país podrá insertarse exitosamente en esta ola.

En los siguientes años, debemos proponernos alcanzar, como mínimo, destinar el 2% del PIB para gastos de Investigación y Desarrollo (I+D), esto es, que el gobierno destine el 1%, y la iniciativa privada, al menos el otro 1%, y así acercarnos al gasto promedio de la OCDE, y justamente en la dirección citada, es decir, en la ruta de una transformación industrial.

Se requiere voluntad política y un esfuerzo coordinado de todos los actores involucrados en la materia: gobierno, empresas y academia, pero, sobre todo, visión de que un peso gastado hoy en I+D generará importantes efectos multiplicadores en el mediano plazo. Por ello, la apuesta que México debe realizar es coordinar el desarrollo tecnológico de la robotización en mancuerna con el factor humano, lo que permitirá incrementar los niveles de competitividad y, lo más importante, el empleo y el bienestar.

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