Innovación: Del Estado regulador al Estado emprendedor

5 Octubre, 2016 / Artículos
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Olvídese del Estado empresario. La provocación de este grupo va por redefinir el rol del

Estado en la innovación y a liberar la enorme capacidad de emprendimiento de Chile con foco en los desafíos país.

En la última década, período que incluye parte del boom de los commodities, la tasa de crecimiento de la economía chilena creció al 3,7% anual, la mitad de la variación anual del PIB en el período 1987-1997. Los especialistas concuerdan que la abrupta caída en la productividad total de los factores, que pasó de tasas de crecimiento anual superiores a 3% antes de la crisis asiática, a cifras negativas o cercanas a cero desde 1998 en adelante, ha jugado un rol preponderante en ello.

Desde hace una década –marcado por el hito de creación del CNIC–, el país ha apostado a que la innovación puede ser uno de los elementos clave para la recuperación del dinamismo de nuestra economía. ¿Cuáles son los resultados de esos esfuerzos? En general, ellos muestran que todavía tenemos un largo camino por avanzar. “Sólo el 27% de las empresas en Chile declaran hacer innovación y esa cifra incluye, en la mayoría de los casos, difusión de innovaciones de otros. Sólo un 4% de las empresas genera innovaciones nuevas para el mercado o la empresa y menos del 2% –de la base del 27% que declara hacer innovación– hace trabajo cooperativo en este ámbito”, explica Carlos Osorio. Las cifras anteriores se complementan con otras del reporte del Global Innovation Index, donde Chile ocupa el 2016 el lugar 44º a nivel mundial. Establecer prioridades estratégicas

Mariana Mazzucato señala en su best seller The Entrepreneurial State que la pregunta relevante no es si el Estado es quien debe definir a priori los sectores “ganadores” en la economía, porque la evidencia es abrumadora, en el sentido de que los sectores que se han desarrollado siempre han sido elegidos por éste. La clave está en cómo realizar este ejercicio de forma adecuada.

El economista Ricardo Hausmann, junto con el físico chileno César Hidalgo, estudiaron el portfolio de los productos desarrollados en distintos países e identificaron una correlación muy positiva entre un índice de complejidad de la oferta productiva de los países con el ingreso per cápita de los mismos. De ese análisis, se deduce la relevancia de avanzar hacia una matriz más diversificada y sofisticada de productos exportables.

El estudio identifica la estrategia seguida por la mayor parte de los países desarrollados: “saltos” desde un producto primario a otro más sofisticado que requiere capacidades (técnicas y de capital humano) similares. De allí nace la idea de diversificar nuestra economía apalancándonos en los sectores que ya son relevantes, como la minería, agroalimentos, madera, acuicultura, entre otros.

Una estrategia alternativa de diversificación se puede desarrollar a partir de las ventajas comparativas que genera el territorio. En el caso de Chile, los puertos pueden ser la puerta logística entre Asia y los países del lado atlántico de Sudamérica; o los paisajes para el desarrollo de turismo de intereses especiales; o la radiación solar del mundo en el desierto de Atacama para desarrollar una nueva industria de aplicaciones industriales y tecnología, suministros y proveedores solares.

El rol de las compañías públicas y la empresa privada

El Estado es responsable de alrededor del 45%-55% de la actividad económica en los países de la OCDE. Esto implica que la actividad económica agregada que moviliza es El poder del Estado no sólo se aplica a compras públicas para generar demandas específicas, sino también al poder que tiene de “forzar canales” de comercialización. Un caso interesante en América Latina es Chile, con la obligatoriedad de las empresas públicas de comprar por internet en el portal ChileCompras.

Un ingrediente crítico en el campo de la innovación es el desarrollo de las empresas y, en general, de la promoción del emprendimiento. En América Latina, con la posible excepción de sectores industriales en Brasil y en menor medida México, en general, la industria no innova a pesar de tener buenas condiciones de costos, impositivas, contables, de amortización de activos y otras. Los datos muestran que ningún país de América Latina está entre los primeros 30 en gastos de I+D como porcentaje del PIB, ni en los lugares de avanzada en el índice de innovación.

En la célebre disputa entre Andrés Benítez y Eliodoro Matte de hace una década (“¿Por qué la Papelera no es Nokia?”), ya se discutía respecto al valor de la innovación en las grandes empresas chilenas. El caso es ilustrativo: Nokia surgió en Finlandia como una empresa forestal que en 2006 era líder mundial en telefonía móvil con una valorización que representaba dos tercios del valor que se transaba en la Helsinki Stock Exchange. Desde esa fecha, la acción de

Nokia se desplomó desde 40 dólares a menos de 3 dólares y desapareció su línea de telefonía móvil al ser adquirida por Microsoft. En el mismo período, CMPC se consolidó como uno de los grandes actores forestales, líderes junto a Arauco y algunos actores brasileños en el segmento de celulosa, papel y otros productos.

No es a las grandes empresas, entonces, a quienes deberíamos pedirles el giro copernicano en innovación. Éstas son muy eficientes en procesos regulares y han demostrado ser rentables en lo que saben hacer. En general, las compañías en el continente prefieren transferir tecnología más que crearla y existe poca capacidad técnica y cultura empresarial en el manejo de actividades de I+D.

El desarrollo de mecanismos institucionales

La variedad de mecanismos institucionales utilizados para incentivar y organizar procesos de innovación es variada. Lo común es el uso y la explotación de las ventajas y características específicas de estos territorios y la aplicación de ciencia, tecnología e innovación para desarrollar su potencial. Esto en contraste con la idea, a menudo mencionada, de injertar actividades exógenas sin ningún asidero orgánico a la realidad que las rodea.

La institucionalidad exitosa, independiente de sus expresiones locales, es una que refleja un consenso político y social que expresa que el país necesita una estrategia de desarrollo que trabaje en detalle sobre cómo alcanzar sus objetivos económicos y sociales.

Ámbito de acción: Big Data Chile tiene un campo donde el Big Data podría ser clave: la astronomía. Sin embargo, tenemos enormes brechas en la red que no permiten hacer el manejo de esta información en el país. Aquí nuevamente hay un rol para el Estado, que debe generar las condiciones de actualización de las redes digitales vía regulación, adaptándose a la tendencia de cambio de los sistemas de comunicaciones en el mundo desarrollado. La experiencia de la

TV digital es algo que debemos evitar.

La cuarta revolución industrial digital, que incluye conceptos como la fábrica inteligente, uso intensivo de las tecnologías de la información, internet de las cosas y sistemas ciberfísicos, es una promesa para que las empresas aumenten su flexibilidad en la manufactura y faciliten la customización de masas en lotes pequeños.

Se estima que la industria 4.0 debiera tener efectos significativos en la economía global: generar ganancias en eficiencia de 6% anual, con un internet industrial que crecería hasta los 500 billones de dólares a 2020.

Lo anterior representa una oportunidad para países como Chile, que se saltaron la tercera revolución industrial, y que pueden pasar directamente en la cuarta revolución digital potenciando el uso de tecnologías en sus principales procesos productivos de la minería, agricultura, acuicultura, forestal e industria de servicios.

El científico e innovador, Fernando Fischmann, creador de Crystal Lagoons, recomienda este artículo.

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