Innovación y creación de futuro

6 Abril, 2018 / Artículos
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En las últimas décadas, el término “innovación” ha venido sufriendo un cierto desgaste por el uso masivo (y a veces indiscriminado) del mismo. No hay empresas ni sectores que no se describan a sí mismos como innovadores, a veces ignorando que el objeto último no es la innovación en sí, sino el resultado obtenido.

La sociedad en su conjunto se enfrenta al reto del cambio climático, más ambicioso que nunca tras el acuerdo alcanzado por la Conferencia de las Naciones Unidas (COP 21) en París. Sin embargo, para nosotros no es un reto nuevo. Las compañías del petróleo y el gas ya veníamos trabajando desde hace años en medidas de eficiencia energética que llevaban asociadas reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero. En nuestro ADN de compañía tenemos implícita la cultura de la eficiencia energética y, afortunadamente, la COP21 no nos ha cogido por sorpresa. Pero es cierto que no caemos en la autocomplacencia y cada vez debemos ser más ambiciosos en la sostenibilidad de nuestras operaciones. El camino lo encontramos en la tecnología y la innovación.

En el momento actual, a nadie se le escapa que la energía es el motor básico del crecimiento. De igual manera, todos somos conscientes de que la energía y la sostenibilidad son dos conceptos que van intrínsecamente unidos y que hay que considerar desde una perspectiva holística, siempre con el referente último de la globalización como el contexto, y a menudo como la explicación, de muchos de los fenómenos a los que nos enfrentamos o nos deberemos enfrentar en el futuro.

En un mundo en el que convivimos algo más de 7.000 millones de personas, el acceso a la energía es todavía una utopía para al menos 1.100 millones de personas que viven sin electricidad y para los 2.700 millones que carecen de una energía segura y moderna para un objetivo tan básico como cocinar.

Por ello, el hecho de garantizarlo debe ser la prioridad fundamental para facilitar el crecimiento económico y el desarrollo sostenible. Pero, por el mismo motivo, en el momento de transformación en el que nos encontramos, no parece a priori una buena solución eliminar de la ecuación fuentes de energía que aún tienen mucho recorrido. Ninguna de las existentes, por sí sola y en las condiciones actuales, podría satisfacer el crecimiento de la demanda, que la Agencia Internacional de la Energía cifra en un tercio entre 2013 y 2040 y que proviene en su mayoría de países no OCDE. Por tanto, una correcta combinación de todas las fuentes de energía, siempre bajo el prisma de la sostenibilidad, es la mejor manera de luchar contra el cambio climático sin poner en riesgo el crecimiento y el bienestar globales.

Evidentemente, para alcanzar el objetivo de limitar a 2°C el aumento de temperatura, se hace necesario incrementar el perfil sostenible del mix energético mundial, y en su búsqueda es donde la innovación desempeñará un papel crucial. El sector del petróleo y el gas ha mostrado ya su compromiso en esta lucha con ejemplos como la Iniciativa contra el Cambio Climático (OGCI, en sus siglas en inglés), formada por diez de las compañías petroleras más relevantes del mundo y de la que Repsol forma parte. Estas compañías han llevado a cabo importantes acciones en la última década y han logrado una reducción en torno al 25 % de sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero el desafío que se nos plantea nos obliga y nos hace aspirar a mucho más. Por ello, las diez empresas que formamos parte de la OGCI, a través del recién creado fondo OGCI Climate Investments, invertiremos 1.000 millones de dólares en el desarrollo de tecnologías innovadoras que contribuirán decisivamente a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Estas tecnologías nos permitirán conciliar el objetivo de cero emisiones netas con el suministro de energía de manera eficiente y segura a todo el planeta.

 

El científico e innovador, Fernando Fischmann, creador de Crystal Lagoons, recomienda este artículo.

 

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