La innovación es la clave de China

25 Mayo, 2017 / Artículos
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La economía china es la segunda del mundo medida en dólares constantes (US$11,4 billones) después de EE.UU. (US$17,4 billones); y es la primera, si el PBI se mide por capacidad de compra doméstica (US$17,6 billones).

Por eso, si China crece 7% anual (en 20015 se expandió 6,9%), el producto aumenta US$800.000 millones por año, lo que implica un auge superior al 10% anual que experimentó en 2010. Allí culminó la década de crecimiento excepcional iniciada en 2001 (ingreso en la OMC), cuando la tasa promedio de alza fue 11% por año.

De ahí que el producto se haya duplicado entre 2008-2015 y que China crezca, metafóricamente, una Australia (US$1,6 billones) cada dos años y un Reino Unido (US$2,6 billones) cada tres.

El resultado es que la creación de empleo es mayor ahora que cuando se expandía 11% anual. En 2007, (+11% en el año), China generó 10 millones de puestos de trabajo; y en 2015 (6,9% anual) creó 13 millones de empleos urbanos.

El crecimiento no es sinónimo de auge del PBI nominal, sino de cambio de estructuras, con transferencia del capital y el trabajo desde los sectores de menor productividad a los de mayor eficacia productiva.

Este proceso –“destrucción creadora”– equivale al alza de la productividad de todos los factores (PTF), donde lo decisivo no es el incremento de uno u otro (capital/trabajo), sino la aparición de lo nuevo y cualitativamente distinto: innovación.

La totalidad del transporte urbano será eléctrico en las grandes ciudades chinas en 2020, y lo mismo ocurrirá en todo el país 10 años después. Entonces, 30% de los automotores vendidos serán eléctricos o híbridos y treparan a 60% en 2040.

La clave de lo que pasa en China no es la creación de empleo (fuerza de trabajo), sino la conversión de sus 900 millones de trabajadores en emprendedores, que son innovadores creadores de valor.

China intenta una novedad histórica. No es la creación de puestos de trabajo en gran escala. Ha desatado una campaña de masas destinada a liquidar la relación salarial en términos históricos, quiere terminar con el núcleo de la acumulación capitalista desde la Revolución Industrial (1780-1840).

Trata de activar la sociedad civil y convertir en objetivos de vida del pueblo chino a la creatividad y la innovación. El instrumento de esta empresa histórica es el comercio online. Los nuevos emprendedores que colocan sus productos on-line aumentan 4 millones por año, y los venden desde allí al mundo. Más de 40 millones de emprendedores online han surgido a partir de 2009.

La experiencia china indica que el desarrollo es una forma avanzada de dinamismo social, una manifestación de energía dotada de contenido económico, que provoca mayor demanda, más consumo y alza de la inversión.

Por eso han eliminado prácticamente todos los requisitos para crear nuevas empresas. En los primeros 6 meses de 2015 surgieron 8 millones de compañías (+61% que en 2014); y entre el 70% y el 75% aparecieron en los servicios.

El producto chino se multiplicó por 4 entre 2002 y 2012 (US$2 billones a US$8,7 billones); y el gasto en investigación y desarrollo (I&D) científico y tecnológico pasó de 1% a 2% del PBI: se multiplicó por 8 en términos reales.

Las patentes reconocidas internacionalmente aumentaron 17,4% por año desde 2007, las publicaciones científicas crecieron 22,9% anual, los graduados en ciencias duras eran 1.337.000 en 2002 y treparon a 6.081.600 en 2012 (+ 16,4% anual), en tanto los PhD se elevaron 6 veces (80.800 en 2002 a 486.500 en 2012).

No hay “modelos” en China. Lo más importante es el camino – eterno creador de novedades –, no los resultados, provisorios por definición.

El científico e innovador, Fernando Fischmann, creador de Crystal Lagoons, recomienda este artículo.

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