La innovación y el temor al fracaso

13 Diciembre, 2016 / Artículos
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Los peruanos tienen mucho temor a fracasar. Suelen tomarse demasiado tiempo para decidirse a iniciar un negocio, se hacen mil preguntas y no comienzan. ¿Por qué?

En un artículo anterior hice referencia al carácter idiosincrático de los peruanos. Por la experiencia que le ha tocado vivir en las últimas cinco décadas, el peruano suele tener aversión al riesgo. Ciertamente hay muchos emprendedores de pequeños negocios pero estos mayormente se quedan pequeños, no crecen, porque temen asumir actividades esencialmente riesgosas como es la innovación.

Otro elemento de carácter idiosincrático, muy ligado al anterior, es que en Perú, a quien fracasa en un negocio no se le estimula para que vuelva a intentarlo sino todo lo contrario: es objeto de escarnio, frecuentemente se le castiga con dureza. Hay mecanismos de castigo formales como los embargos, la inclusión en las listas de las centrales de riesgo crediticio, etc. e informales como burlas o desaprobación de parte de familiares, amigos y personas ajenas al círculo íntimo del “fracasado”.

Existe también un problema de recursos. Los emprendedores peruanos no cuentan con muchas espaldas financieras como para emprender, fracasar y volver a intentarlo.

El temor al fracaso está relacionado con un problema de recursos. Si bien el nivel de ahorro de los peruanos ha aumentado en los últimos años, sigue siendo uno de los más bajos de Latinoamérica y por ende no cuenta con muchos recursos propios para invertir y/o tener respaldo financiero que le permita sostenerse durante el período de inicio del negocio que es el más duro.

A esto se añade el papel de los bancos, a quienes generalmente no les interesa sino recuperar el dinero prestado sin mirar a quién lo hicieron. Salvo honrosas excepciones, las entidades bancarias no son aliados estratégicos de los emprendedores. Son simplemente proveedores de dinero, ansiosos por recuperarlo y con creces pues aplican tasas leoninas.

¿Y qué nos podría decir del papel de las instituciones del Estado?

El problema empeora si consideramos las múltiples trabas que imponen diversos organismos públicos como las municipalidades, los ministerios, la Sunat, etc. Desde el Estado se ha tejido una maquinaria burocrática que amedrenta y desanima al emprendedor. Todo esto hace que un emprendedor que posiblemente tenga buenas ideas de negocio, tras fracasar en el primer proyecto, ya no lo intente nuevamente.

No se ha generado un espíritu de desafío por el cual un emprendedor al que le haya ido mal diga: “Bueno, fracasé. ¿Y quién no ha fracasado en la vida? Vamos a seguir con otro proyecto”. Aquí es válido preguntarnos ¿cuántos buenos negocios han muerto antes de nacer, gracias al burocratismo estatal y las opciones de financiamiento poco atractivas de los bancos?

¿Qué medidas se deben tomar para revertir esta situación?

Ciertamente se están tomando, desde el Ministerio de la Producción, una serie de medidas para agilizar los trámites en el ámbito estatal, pero por lo visto eso tomará tiempo.

Un aporte se encuentra en los diversos fondos existentes para estimular la innovación y el emprendimiento. Celebro, por ejemplo, el gran trabajo del Sr. Alejandro Afuso en Innóvate Perú. Dotar a los emprendedores de mayores recursos y difundir estas opciones de financiamiento público con mayor amplitud hará que cada vez más emprendedores se animen a innovar con sus proyectos.

A esto se debe sumar un sistema que impulse el escalamiento de los negocios, es decir, que crezcan a nivel nacional e internacional. Que dejen de ser pequeños. En ese sentido es importante trazarse metas específicas en cuanto al número de emprendimientos que surgirán y crecerán, con el debido acompañamiento técnico por parte de especialistas capacitados en el tema.

El científico e innovador, Fernando Fischmann, creador de Crystal Lagoons, recomienda este artículo.

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