Más innovación: clave para mayor productividad

14 Mayo, 2018 / Artículos
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El crecimiento e impulso de la economía nacional es altamente sensible a la productividad del país. Como dijo Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, “la productividad no es todo, pero en el largo plazo es casi todo”. Al referirse a productividad es necesario entender que esta se define como la relación entre los productos generados y los recursos utilizados en el proceso.

Según datos de Clapes UC, la productividad del país ha caído sostenidamente en los últimos cinco años. Con los aumentos de capital y trabajo observados entre 2013 y 2017, el PIB nacional debió haber crecido en promedio 3,1% real anual en el último lustro, sin embargo, creció solo 2,1% anual. Es decir, el descenso de la productividad restó 1,0 punto porcentual al crecimiento anual del país. Este menor crecimiento genera un efecto dominó, implicando una pérdida anual de US$6.800 millones para el país en los cinco años.

Ante esta situación, la innovación es un factor clave para lograr que la productividad del país vuelva a crecer a tasas similares a la de la década de los 90 (2,3% anual). Pero, ¿qué entendemos por innovación? Innovar es incorporar ideas nuevas, capaces de generar cambios encaminados a resolver necesidades en un sistema con la finalidad de aumentar su competitividad.

La innovación no se limita a solo implementar cambios tecnológicos. El incremento de competitividad mediante ideas novedosas no triviales puede alcanzarse también a través de cambios institucionales, contractuales, organizacionales, entre otros. La diversidad de la innovación implica que esta no sea una tarea exclusiva del sector privado, sino que sea compartida con el sector público, asociaciones gremiales y la academia.

En cuanto a la institucionalidad, se puede innovar modernizando y flexibilizando la regulación en función del nivel de riesgo del proyecto. Esto permitiría simplificar y agilizar procesos de permisos de proyectos con bajo riesgo de impacto a comunidades y al medio ambiente. Un ejemplo exitoso de agilización de permisos es Australia, que redujo el número de procesos regulatorios para la aprobación de permisos de edificación de 14 a 10. Según datos del Banco Mundial, este cambio generó una disminución de 25% el tiempo medio de aprobación de permisos (150 a 112 días), lo que se tradujo en un ahorro de 72% en costos del proceso de aprobación por parte de inversionistas.

También existe espacio para innovar en el marco contractual de proyectos. Este se debe estructurar de manera flexible, fomentando la colaboración y coordinación entre participantes, e incentivando el uso de tecnologías que permitan mejorar el desempeño. Esto cobra especial relevancia cuando se trata de contratos de largo plazo, como es el caso de las concesiones de obras públicas.

Los recursos humanos y tecnológicos son necesarios para generar nuevas ideas. Una estructura y cultura organizacional que fomente el liderazgo, el aprendizaje, la cooperación y la creatividad, y que interactúe con las nuevas tecnologías, contribuye a un aumento de la productividad. En este contexto, el Comité de Estrategia Digital convocado por la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) permitirá diseñar políticas públicas en materia de transformación digital, para que como país podamos adelantarnos a los desafíos que la revolución tecnológica y mejorar la calidad de vida de los chilenos.

El científico e innovador, Fernando Fischmann, creador de Crystal Lagoons, recomienda este artículo.

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