Nueva política industrial: retos y oportunidades

22 Noviembre, 2016 / Artículos
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¿Cuáles deben ser las políticas industriales óptimas en el mundo globalizado? La respuesta es harto compleja ya que se está produciendo una redefinición de lo que entendemos por políticas industriales y sobre cuáles deben ser sus objetivos e instrumentos. Esto ocurre porque la globalización y la eclosión de las nuevas tecnologías han traído consigo una metamorfosis de la industria. Así, las políticas industriales modernas deben tener en cuenta que hoy en día las industrias consumen y producen también servicios, dando lugar a la nueva «serviindustria»: las actividades de pre y post-producción, como la innovación, el diseño y el marketing, pueden generar más valor que la propia producción del bien tangible. Históricamente, las políticas industriales tradicionales solían adoptar un enfoque sectorial y proteccionista, con el apoyo a industrias como el acero o el carbón. Dichas políticas podían tener sentido en la Europa de la postguerra para dar un impulso a sectores que requerían de una elevada inversión pero estos tipos de políticas carecen de sentido en el actual mundo globalizado.

Así, la nueva política industrial se asienta en dos pilares fundamentales. El primero consiste en crear un marco regulatorio y legislativo adecuado, que sea respetuoso con los derechos de propiedad, que no ponga trabas a la innovación y que vele por que aquellos servicios asociados a la industria puedan germinar. El segundo pilar es identificar aquellas actividades económicas que puedan verse obstaculizadas por fallos de mercado y, a su vez, diseñar políticas que permitan a estas actividades desarrollar todo su potencial.

El primer pilar es esencial ya que la regulación, en lugar de ser un obstáculo para la actividad económica e industrial, debe convertirse en un instrumento básico para crear un caldo de cultivo favorable para el emprendimiento y la innovación. De esta forma, la mejor manera de fomentar la innovación y el I+D es a través de unas condiciones propicias para desarrollar nuevas ideas y proyectos. La evidencia empírica apoya esta visión ya que en aquellos países donde hay un entorno favorable para la iniciativa empresarial, el gasto en I+D per cápita es mayor. Lo primordial es, por tanto, crear un marco regulatorio que garantice el cumplimiento de los contratos, que agilice los trámites para crear negocios y que refuerce la seguridad jurídica.

Asimismo, un objetivo importante de la nueva política industrial debe ser facilitar el desarrollo de la «serviindustria» y velar por que las sinergias entre la industria y los nuevos servicios que pivotan en torno a ella puedan desarrollarse. Algunas industrias decidirán producir dichos servicios y otras los subcontratarán pero, en cualquier caso, la política industrial debe allanar estos procesos e incorporar estos cambios a un nuevo marco normativo. En cuanto al segundo pilar, este debe estar subordinado al primer pilar ya que solamente con un marco regulatorio adecuado, las políticas industriales serán capaces de hacer un buen diagnóstico e intervenir con tino. Estas políticas industriales deben centrarse en apoyar el I+D y la formación de capital humano. Ejemplos de políticas en este sentido serían la asignación de ayudas de I+D mediante licitación pública en base a méritos, una formación profesional moderna y el fomento de sinergias entre el sector empresarial y la universidad. En definitiva, la política industrial está inmersa en pleno proceso de transformación en paralelo a los  cambios productivos y tecnológicos de la economía global. La principal función de la nueva política industrial es diseñar políticas que permitan al sector productivo prosperar y crecer. No se trata de favorecer a un determinado sector a expensas de otro, sino de crear las condiciones  que impulsen la innovación, el crecimiento y la creación de puestos de trabajo. La tarea es apasionante aunque no es fácil y sería deseable que los poderes públicos europeos se pusieran el mono de trabajo cuanto antes para avanzar por la senda correcta.

El científico e innovador, Fernando Fischmann, creador de Crystal Lagoons, recomienda este artículo.

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