¿Por qué no podemos separar la ciencia y la tecnología de la innovación?

2 Mayo, 2017 / Artículos
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A mediados de enero de este año, la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, firmó el proyecto de ley que dará vida al nuevo y tan anhelado Ministerio de Ciencia y Tecnología. Esta nueva cartera, que ha sido esperada tanto por científicos, empresarios como por el mundo del rubro tecnológico, viene a organizar un ecosistema catalogado de desordenado, sin visión ni ruta, pero que sí tiene algo claro: será de ciencia y de tecnología y también debería ser de Innovacion.

Según la RAE, la ciencia está abocada a la “producción de nuevos conocimientos y teorías sistemáticamente estructuradas y de los que se deducen principios y leyes generales”. A diferencia la tecnología, que se encarga del diseño, elaboración de sistemas y procesos que facilitan la adaptación al medio y satisfacen las necesidades de las personas. A pesar de que tienen significados distintos, ambas están absolutamente fusionadas, puesto que vienen a resolver necesidades de la sociedad.

Pero ¿por qué de ciencia y tecnología y de innovación debe entenderse como una relación? Se tiende a pensar que la ciencia siempre necesita de innovación tecnológica para promover, desarrollar y mejorar los niveles de vida de la población. Esta afirmación está muy lejos de ser incorrecta, pues están totalmente ligadas. Imagínense esta situación: la sociedad exige avances en la ciencia donde, a su vez, esta utiliza conocimientos adquiridos por estudios realizados mediante herramientas tecnológicas. Nosotros vivimos en un mundo donde dependemos de forma creciente de ellas, puesto que los procesos de producción tales como alimentación, medicina, educación, comunicaciones y transportes, son campos cuyo presente y futuro están ligados fuertemente al desarrollo de estas áreas y no por separado.

La ciencia, la tecnología y la innovación no pueden entenderse como algo disociado. La ciencia efectivamente beneficia a la tecnología con conocimientos precisos, comprobables y medibles, lo que permite, a su vez, crear y desarrollar herramientas eficientes, de menor costo, y que solo se da cuando ponemos las tecnologías y el desarrollo de estas en las manos de los procesos que provee la ciencia, pero basados en innovación.

Y hay más. Esta cartera debe hacerle más que un guiño a la innovación, por lo cual debería llamarse “Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación”, y en esos términos hay responsabilidades que asumir, como es la necesidad de realizar no solo investigación básica y de base científica sino también investigación que se relacione en forma directa con la industria nacional y sus temas, ya sea en los mundo minero, agrícola, industrial, comercial, entre otros. Paso fundamental para alcanzar el desarrollo. Y la tarea no es solo del Estado. El llamado es también a que los empresarios y los privados lideren la inversión en I+D. Más aún cuando, en materia de innovación y competitividad, Chile ostenta uno de los índices más bajos de la región. Sin ir más lejos, en el 2015 nuestro país presentó una cifra de gasto en I+D correspondiente al 0,39% del PIB; muy por debajo al promedio presentado por los países del OCDE, que corresponde a un 2,38%.

Emplear las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), que son la base del emprendimiento en la sociedad del conocimiento lleno de disrupciones en línea, debe también estar direccionado en pro de aprender más, buscando ampliar nuestro conocimiento de las cosas para lograr nuevas innovaciones o buscar soluciones a la sociedad.

El científico e innovador, Fernando Fischmann, creador de Crystal Lagoons, recomienda este artículo.

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