Propiedad intelectual: ¿las ideas tienen dueño?

5 Agosto, 2014 / Artículos

¿Las ideas tienen dueño? ¿Son realmente de alguien? Tal vez las malas sí. Pero ¿y las buenas? Entre las grandes convenciones jurídicas de nuestra sociedad destaca la de la propiedad intelectual. Sin embargo, los productos de la inteligencia humana, que de momento podemos llamar “ideas” para no marear la perdiz, por su propia naturaleza encajan muy mal con la propiedad privada. Al menos esto se desprende de 2.500 años de reflexión filosófica sobre el tema. Y si solamente fueran estos 2.500 años la cosa no sería tan grave. Pero es que además de Wittgenstein, Husserl, Hegel, Kant, Descartes o Platón está también, ahora, internet; y esta coincidencia de la fuerza de la tradición con la fuerza de la novedad es algo ya mucho más serio.

En efecto, tanto la nueva gestión del conocimiento y de la creación que impone la web como la teoría del conocimiento tradicional coinciden en que esa inteligencia que cada uno pensamos tener “en nuestra cabeza” es más bien una franquicia y no una propiedad exclusiva. Por no ser de nadie, ni siquiera es propiedad de la especie humana. Una máquina inteligente, un extraterrestre inteligente o un animal no humano inteligente, si llegaran a existir, serían inteligentes con la misma inteligencia que nosotros, por distintos que fueran sus estilos cognitivos.

Si por inteligencia entendemos aquello que nos permite encontrar la solución correcta a problemas definidos o definir nuevos problemas socialmente pertinentes, entonces la inteligencia no es una cualidad de los individuos particulares sino una dimensión objetiva de nuestras relaciones humanas. Relaciones de las personas entre sí y relaciones entre las personas y las cosas. Vale decir que lo que hace que una idea sea una buena idea no es una cualidad de su inventor o su descubridor, sino una cualidad del mundo, la cualidad que lo hace inteligible y mejorable por nuestra actividad mental.

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