Resurge el ladrillo, pero ¿esta vez habrá innovación?

22 Diciembre, 2017 / Artículos, Sin categoría
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Era de esperar, lamentablemente, que el estallido de la burbuja inmobiliaria provocara la desaparición de una parte sustancial del titubeante tejido de I+D+i surgido a la sombra del ladrillo. El cierre del Instituto Tecnológico Aidico es un buen ejemplo de ello. La voracidad especulativa no tenía tiempo para aguardar a la generación de una base de conocimiento sostenible, sin la que la semilla de la innovación acaba agostándose. Se enterraron miles de millones de euros en promociones inmobiliarias, bien lo sabemos quienes lo vivimos de cerca, pero no se afianzó una industria innovadora.

España atrajo inversión para un sector estratégico en la economía y no le sirvió para abandonar el lugar de la irrelevancia en obra residencial, a diferencia de lo que hicieron otros sectores mucho más exigentes consigo mismos como la obra pública y turismo. Territorios como los Emiratos Árabes, que también se han entregado al gasto desorbitado en el sector inmobiliario, sí dan muestras en cambio de querer que la corriente de inversión en ladrillo no pase sin dejar huella.

Eventos como la feria Big5 de Dubai, que se celebra en unos días, y sus derivadas como The Big5 Hub, con socios tecnológicos de la talla de Microsoft y Google, apuestan por el diálogo con las tecnologías de vanguardia, fomentan fondos de capital con un criterio de actuación basado en algo más que la vieja tradición especulativa y promueven un sector industrial e informático capaz de sobrevivir cuando ya no haya grúas.

Veremos si es suficiente en un territorio tan complicado como el suyo, pero de momento, como me decía un experto del sector petrolero, el país está logrando canjear combustible barato por ladrillo y billetes de avión caros.

Convendría no repetir errores cuando se empiezan a sentir los primeros síntomas de reactivación del sector inmobiliario en nuestro país. La vivienda no puede resurgir a espaldas de la innovación. En realidad, no se puede permitir siquiera el lujo de pretenderlo, porque la transformación tecnológica ha introducido un factor que empieza a ser más valioso que el suelo en la toma de decisiones de los inversores: los datos. La calidad del aire y otros indicadores meteorológicos decantarán el valor del metro cuadrado en las ciudades inteligentes del futuro, por encima incluso de la ubicación.

IBM reveló recientemente que el objetivo de la multimillonaria compra de The Weather Company es lanzar un servicio de datos meteorológicos hiperlocalizados para empresas. Fenómenos inmobiliarios norteamericanos como VTS y Hightower están ubicando en la nube su exclusiva cartera para que los agentes y las startup promuevan negocios con ella. Es algo parecido a lo que hace el sector financiero con su legacy. La economía colaborativa irrumpe.

El ladrillo, como sucede con otros productos de la economía que parecían demasiado pesados para volatilizarse en el mundo digital, se convertirá en una utility, y el verdadero valor añadido se encontrará en todos los tramos de la cadena anteriores a los trabajos de la excavadora. Se trata de no perder de nuevo el tren.

El científico e innovador, Fernando Fischmann, creador de Crystal Lagoons, recomienda este artículo.

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