Sembrando y cosechando en innovación

17 Junio, 2016 / Artículos
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Hace unos días fue LAB4, el IV Foro de Emprendimiento e Innovación de la Alianza del Pacífico, que congregó a emprendedores, oficinas de promoción de exportaciones, miembros de aceleradoras, incubadoras y fondos de inversión. Entre las aceleradoras, unos de los temas que llamaba la atención fue la baja relación entre los proyectos que entraban para aceleración, y la bajísima cantidad de ellos que obtenía resultados: menos del 20%, en el mejor de los casos. La razón de esta diferencia, explicaban, era el nivel de incertidumbre y riesgo asociado a la innovación.

En LAB4 me tocó hablar de cómo aprender de los mejores equipos de innovación del mundo, un tipo de investigación que estoy profundizando desde MIT. Para ello, he analizado 23 tipologías de procesos y modelos para innovar en distintas industrias y por varias empresas, además de revisar más de 150 papers que explican diferentes razones del éxito y fracaso de proyectos. Las conclusiones son muchas, pero hay un par que tienen que ver con la manera en que uno debiera pensar cómo sembrar y cosechar en innovación.

Primero, la manera en que actualmente funcionan la mayoría de las aceleradoras es un juego de probabilidades: la probabilidad de encontrar un buen equipo con un buen proyecto aumenta con la cantidad de equipos que revisamos y apoyamos. Entonces, los incentivos están en tener una alta convocatoria, recibir muchas postulaciones y tratar de encontrar las promesas.

Cuando el equipo fundador de un startup pide financiamiento, tenemos un segundo problema, sobretodo en Latinoamérica: las decisiones de inversión tienden a hacerse contra mucha participación en la propiedad, y en etapas donde el startup haya mostrado resultados. En algunos casos se pide niveles de venta que se hacen imposibles de alcanzar sin la inversión que se está tratando de levantar. En otras palabras, el “capital de riesgo” no obtiene cuando se necesita: en las etapas de mayor riesgo. Afortunadamente esto ha comenzado a cambiar en la región, y principalmente en Chile.

En base a lo que se sabe del tema, lo anterior muestra un gran desconocimiento y sentido común básico en términos de cómo apoyar la generación de innovaciones.

Sabemos que las ideas valen bastante poco, y lo más relevante es la calidad del equipo y valor del desafío o problema que se está tratando de resolver, sin embargo gran parte de las aceleradoras se sigue escogiendo proyectos como se hacía hace casi 30 años, aceptando equipos con ideas de solución.

Sabemos que hay mejores y peores maneras de formar un equipo, y mejores y peores maneras de escoger un desafío. Sabemos además que un buen equipo con un desafío valioso puede tener altas probabilidades de éxito si sigue un camino de descubrimiento adecuado.

Sabemos que la intuición es un acto cognitivo de reconocimiento con información incompleta, sin embargo le seguimos dando un nivel de relevancia demasiado alto en innovación, una actividad que se caracteriza por que nos presenta problemas y paradojas nuevas que, por ser nuevas, no pueden ser “reconocidas”. ¿El resultado? Tomamos decisiones que, siendo muchas veces buenas, podrían haber sido mucho mejores de haber seguido una manera más rigurosa.

Esto no es muy distinto a la agricultura. Si ponemos semillas en tierra pueden dar mejor o peores frutos dependiendo de la tierra que usemos. Sin embargo, cuando todos vamos aprendiendo a usar la tierra, y nos damos cuenta que la hay tierras mejores que otras, la diferencia en productividad y lo que somos capaces de cosechar resulta de qué tanto conozcamos el terreno, la biología de lo que deseamos cosechar, y de cómo apliquemos ese conocimiento combinado.

En innovación es igual. El terreno es riesgoso y ambiguo, eso es parte del juego. Sin embargo, hace ya casi 20 años se ha venido desarrollando conocimiento y herramientas que permiten planificar, diseñar y ejecutar en ambientes inciertos mediante caminos orientados por el descubrimiento. En este tipo de desarrollos, lo que se debe sembrar hoy es distinto a lo que se hacía antes: si buscamos acelerar ideas, la probabilidad de fracaso es altísima. Si lo hacemos con desafíos de alto valor y equipos de alto desempeño, la probabilidad de fracaso es mucho menor.

El científico e innovador, Fernando Fischmann, creador de Crystal Lagoons, recomienda este artículo.

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