Una cultura de la innovación

8 Agosto, 2016 / Artículos
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Es cada vez más importante generar una cultura de la innovación, es decir un ambiente que propicie el desarrollo, el crecimiento, la creatividad. Espacios donde no se castigue el error, sino que se aliente el aprendizaje. Para construir esta cultura y sostenerla en el tiempo, son claves las políticas y prácticas organizacionales que muestren lo que se valora, que avale e incentive comportamientos deseados.

Una metodología de la innovación será el camino para que los procesos de cambio estén establecidos, delineados y estimulados. Los procesos de innovación exitosos definen un accionar en tres ámbitos: personal, social y estructural.

Personal: El primer cambio debe darse desde adentro. Tanto en una persona como en una empresa es importante comenzar generando la actitud al cambio, aceptar que quedarse quieto es un riesgo y que el cambio es la solución. Esta etapa nos alienta a salir de la zona de confort y avanzar con confianza hacia nuevos territorios.

Sin embargo, será prudente encontrar un equilibrio entre el miedo y la confianza, ya que una dosis de miedo nos mantiene alerta y permite que aparezcan mecanismos de control y filtros cautelosos que modelan el camino. A veces, las ganas de avanzar no nos permiten ver los riesgos.

Una empresa que quiere innovar un producto o servicio que ya existe, será prudente en el proceso para no perjudicar a sus usuarios actuales y mantener sus ventas.

Social: Involucrar a todos en el proceso de innovación es una manera inteligente de aprovechar la sabiduría colectiva. La realidad multigeneracional de las organizaciones hace que tengan distintos perfiles con orientaciones, habilidades, paradigmas y deseos diferentes, pero igual es posible tener un propósito común, entendiendo que todos tienen algo que aportar.

Los baby boomers entienden el control y son cautelosos a la hora del cambio. Podrían hacer el proceso más lento, pero al mismo tiempo proporcionan prudencia.

La generación X está muy orientada al trabajo y a la productividad, lo cual podrá imprimir empuje, energía y foco en los resultados.

La generación Y valora su vida personal por encima de todo, permitiendo a los equipos de trabajo una mirada más completa de las necesidades y los beneficios.

Lo estructural no pasa solo por el ambiente. Además, tiene que ver con organizar un plan. En ese plan podría ser beneficioso crear un prototipo del producto, servicio, proceso, que se está desarrollando.

En esta diversidad, el desafío es encontrar ese propósito compartido y desde esa plataforma crear entornos que incentiven la creatividad y la producción de ideas. En este entorno, habrá que validar a todos garantizando que todas las ideas serán escuchadas, evaluadas y respondidas.

Otro punto que puede ayudar en lo social es buscar un mentor o asesor que participe del proyecto de innovación. Preferentemente una persona que venga de afuera de la organización y mejor aún si viene de otro rubro o industria. La mirada de un experto con otras realidades y experiencias aportará oportunidades de “salir de la caja” y atreverse a pensar en ideas completamente diferentes.

Estructural: No siempre le damos importancia al contexto, al entorno físico donde desarrollamos nuestras tareas, principalmente las que requieren creatividad. Lo cierto es que el ambiente físico del lugar de trabajo nos predispone y prepara para cumplir nuestras funciones.

Facilitar ambientes creativos incentiva nuevas formas de pensar. Por ejemplo, tener una sala de reuniones diferente, distendida, con muebles no convencionales como sofás, alfombras mullidas para sentarse en el piso, almohadones, propone posturas corporales inesperadas. Si además incluimos en esa sala algunos juegos, imágenes, elementos kinestésicos, tendremos un espacio que invita a crear.

Pero lo estructural no pasa solo por el ambiente. Además, tiene que ver con organizar un plan. En ese plan podría ser beneficioso crear un prototipo del producto, servicio, proceso, que se está desarrollando, para entender cómo funciona y poder corregir errores de diseño o de implementación.

Si se trata de un procedimiento interno nuevo, una buena idea es implementarlo en un área piloto, que nos permita recabar datos, mejorar la idea, para luego proponerla en toda la organización.

Por último, para mantener activo este proceso de innovar instaure un ambiente de reconocimiento premiando la innovación. Reconozca la generación de ideas, premie las sugerencias que son aceptadas y los proyectos que se implementan con éxito.

Las empresas pasan por distintos ciclos, en general, relacionados con la evolución del rubro y del negocio, y con los cambios en los consumidores. Antes estos ciclos duraban 10 años o más. Ahora no duran más que 2 años. En este contexto, ¿le parece importante aprender a innovar?

El científico e innovador, Fernando Fischmann, creador de Crystal Lagoons, recomienda este artículo.

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